Por Javier Cid y Rocío González

La madrugada del 6 de febrero de 2014, un grupo de migrantes sudsaharianos trataban de llegar a nado desde Castillejos –ciudad fronteriza con Ceuta– hasta la playa del Tarajal, pasando el espigón que separa el territorio marroquí del español. Algunas personas consiguieron llegar a la playa ceutí, pero fueron expulsadas de nuevo a Castillejos por la Guardia Civil, lo que se conoce como “devoluciones en caliente”. Entre el grupo, al menos quince de ellas se ahogaron a escasos metros de la orilla. Las fuerzas de seguridad españolas estaban presentes cuando tuvo lugar la tragedia y, finalmente, después de diferentes declaraciones, confirmaron la utilización de cartuchos de proyección, pelotas de goma y botes de humo contra las personas migrantes que estaban en el agua, aunque justificando su uso en forma de “disuasión”. Las versiones oficiales se contradijeron y varias organizaciones denunciaron los hechos, pero nadie les devolverá ya la vida a esas quince personas que buscaban de forma desesperada una vida digna en el continente europeo.

Con el objetivo de rendir un merecido y simbólico homenaje a las víctimas de este terrible suceso, el pasado 6 de febrero de 2016 se celebró la III Marcha del Tarajal organizada por Pedagogía Ciudadana Ceuta y apoyada por otras asociaciones y facultades, a la que una representación de ASCUA se adhirió. El acto constó de tres partes: una mesa redonda en la que entre el público y los ponentes debatimos sobre los derechos de las personas migrantes y su situación tanto en Marruecos como en Ceuta; una comida de convivencia entre todas las personas y los representantes de las asociaciones participantes; y la marcha desde la Universidad de Ceuta hasta la playa del Tarajal, donde ocurrieron los hechos hace dos años.

A esta marcha asistieron más de tres centenares de personas, incluidas algunas personas que están a día de hoy en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Ceuta (CETI) y durante ésta se cantaron algunos lemas como “ningún ser humano es ilegal” o “derechos humanos para todos”. Al llegar a la frontera por la orilla del Tarajal, siempre rodeados por las fuerzas de seguridad del Estado, se leyó un manifiesto que reclamaba y exigía que se reconozcan los derechos humanos de todas las personas y se respeten los derechos de las personas migrantes. Además, solicitaron que se reabra el caso sobre la actuación de la Guardia Civil en ese intento de entrada de 2014.

Dos de los jóvenes africanos que estaban presentes, pusieron voz a sus compañeros, a esos que día tras día ponen en riesgo sus vidas trepando varias vallas rodeadas por concertinas, escapando de las fuerzas auxiliares marroquíes, viviendo a la intemperie en los bosques colindantes a Ceuta, subiéndose en pateras o escondiéndose en dobles fondos de coches o camionetas persiguiendo un sueño: el europeo. Asimismo, dieron las gracias a las personas que defendemos sus derechos. Un momento emotivo en el que el sonido de las olas del mar se fundía con las ligeras notas de un violín acompañado de suaves toques a un dyembe.

Somos más de 35 millones de personas migrantes alrededor del mundo. ¡Debemos decir basta! No podemos seguir permitiendo que agentes internacionales, como la Unión Europea, pague a países como Marruecos para que mantenga lejos de las fronteras a las personas sudsaharianas a través de una política sistemática de maltrato psicológico y físico. Migrar es un derecho, por lo que rescatamos otro de los lemas utilizados durante la marcha: ¡vallas no!

Todas somos personas, todos somos migrantes. Por la verdad y la dignidad, exigimos justicia por las personas fallecidas en la playa El Tarajal.

 

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